28 de noviembre de 2015

Tres meses

Hoy se cumplen tres meses desde que me mudé a Darmstadt. No puedo decir que se pasaron ni muy lento, ni muy rápido, pero sí que pasaron muchas cosas.
 
La adaptación a la ciudad y a su modo de vida fue bastante rápida, convengamos que a lo bueno uno se acostumbra con facilidad. Darmstadt es una ciudad bastante silenciosa, bike friendly, con mucha actividad cultural (supongo que por la existencia de un par de universidades), y la gente es muy amable y respetuosa.
Algo que shockea, por así decirlo, es la sensación de que no pasa nada. Me refiero a la sensación de andar por la ciudad sin la persecuta de que en algún momento alguien te va a arrebatar el celular o la cartera. Lleva algunas semanas relajarse; al principio te mantenés atento a dónde llevás o dejás tus cosas, luego te vas acostumbrando a que, en general, la gente no agarra cosas que no le pertenecen. Un ejemplo de esto, que al principio te vuela la cabeza, es ver por la ciudad una campera arriba de un banco, un par de guantes en un cantero, un par de anteojos apoyado en el asiento de mi bici. O sea que si alguien va por la calle y encuentra en el piso algún objeto obviamente extraviado, lo pone a salvo del pisoteo, esperando que el dueño vuelva a buscarlo. Por supuesto que hay delincuencia, principalmente de bicicletas, así que te recomiendan que la ates siempre. Pero después te vas dando cuenta que si dejás la bici sin atar en la puerta de un café, con la bolsa de compras en el canasto, no pasa nada. Salís del café y la bici sigue ahí. Ni hablar que ni me preocupo volviendo a casa de noche, en bici, atravesando parques incluso; no pienso "por acá mejor no que es muy oscuro". Nada. Sepan disculpar si me extiendo mucho con este tema, pero es que realmente son cosas que sorprenden viniendo de Córdoba ciudad.

Otro aspecto que resultó muy distinto, al menos para mí, fue el idioma. Porque al llegar no sabía más que dos o tres palabras de alemán, y la verdad que interactuando con empleados de negocios estaba más perdida que turco en la neblina. Mucha gente sabe (al menos) algo de inglés, así que te las arreglás para comprar lo que necesites. Y siempre están las pantallitas que te indican el precio total de la compra, por si no entendés el rebuscado esquema que tienen para los números. 

Por el tipo de empresas que hay en la ciudad, y agencias espaciales (como EUMETSAT o ESOC), hay mucha gente de otros países; de Europa principalmente, pero también de América y Asia. Con lo cual, es muy probable que en el ambiente de trabajo los equipos sean multinacionales, multiculturales y multi-idiomas, lo cual resulta bastante entretenido y siempre hay mucho para compartir. Respecto a lo social, tengo mis momentos: hay semanas dónde me prendo en cualquier plan que propongan, y hay momentos donde me siento un poco aturdida de la gente y prefiero quedarme en casa en silencio. 

Estos primeros meses sin trabajar fueron ideales para ponerle pilas a la práctica de asanas, logré practicar más veces por semana que en Argentina, y con más voluntad. Al momento encontré sólo un lugar donde dan clases de Yoga en inglés, pero no me convenció del todo el estilo del profe, así que sigo practicando sola, siguiendo algún video de Kino MacGregor o las recomendaciones de David Swenson. Actualmente estoy practicando una versión reducida de la primera serie de Ashtanga, lo cual es desafiante físicamente comparado con lo que venía haciendo en Córdoba, pero me gusta, es un desafío y paso a paso voy viendo progresos físicos y mentales. Practicar sola tiene la contra de que nadie te hace ajustes o correcciones, pero tiene la ventaja de que forja mucho más la autodisciplina, y permite leer mucho mejor los distintos estados mentales. Quizás más adelante me anime a tomar lecciones con una profe de Ashtanga que me recomendaron bastante; sus clases son en alemán, pero con calma probablemente pueda ir entendiendo la clase. 

Estar acá lejos de mi familia y amigos y amigas es duro, pero tampoco imposible. Por suerte hoy en día la tecnología nos mantiene bastante conectados, y es posible seguirnos y acompañarnos bastante. Por supuesto que no veo la hora de verlos en Diciembre y que nos juntemos a tomar fernet y a karaokear hasta tarde. Hablando de joda, acá todo se hace bastante más temprano, desde cenar hasta salir a bailar. Lo cual no es necesariamente malo, pero al principio cuesta un poco acostumbrar el reloj (y el hambre!).

Last, but not least, durante estos tres meses me ocupé de buscar un nuevo trabajo. Comencé actualizando el CV y perfiles varios en sitios como linkedin, space-careers, y en las bases de datos de las empresas del sector. A la semana ya estaba recibiendo algunas propuestas interesantes, y comenzó entonces la seguidilla de aplicaciones, entrevistas (telefónicas, por skype, y en vivo), propuestas económicas y rechazos. Hablé con mucha gente y aprendí un montón en el proceso, de manera que cada vez estaba un poco más canchera y ágil para preparar las aplicaciones. Tuve momentos de crisis y desesperación, cuando con el correr de las semanas nada concreto ocurría, y yo seguía sin trabajo. Pero mirando hacia atrás me sorprendió que, a comparación con situaciones anteriores similares, atravesé la tempestad (gracias Haruki) con mucha más calma. Entonces, cuando menos me lo esperaba, pude concretar un buen trabajo en una empresa referente del sector espacial. En el plazo de 10 días me entrevistaron, me llamaron para consensuar la propuesta, firmamos el contrato y empecé a trabajar. DIEZ DÍAS. Eficiencia alemana que le dicen. Así que estoy super contenta, aprendiendo mucho, y conociendo gente interesante. Espero que sea un buen camino. 

Durante estos meses fui (y sigo) retratando instantáneas de la vida en Alemania, desde paisajes lindos hasta detalles cotidianos que me llaman la atención. Todo va a parar al álbum que les dejo más abajo. 

Gracias por leer, por acompañarme, y por estar. Los quiero y extraño mucho.

30 de septiembre de 2015

Practice and all is coming

Ayer me atacó la angustia y la tristeza.

Por suerte estallé en lágrimas, para sacar la mierda de adentro en forma de agua salada y sollozos.
Pueden ser cientos los motivos, y creo que no vale la pena tratar de descubrir la perfecta interrelación entre ellos para entender el por qué preciso de la angustia.
Pude dormir casi sin problemas; el desahogo seguro ayudó.

Pero hoy escuché este tema y me quebré otra vez.

Y decidí volver a practicar Vipassana, tras muchos meses de abandono.
Fue como volver a un lugar familiar, lleno de amor, lleno de paz.
Cuánta paz.

Sigo sensible.
Sigo con mierda adentro.
Pero sé que tengo herramientas muy prácticas para lidiar con ella.
Yoga y Vipassana.
Soy la única persona que puede arreglar mis problemas.
Y tengo una sola cosa tangible para trabajar: mi cuerpo, con todas sus sensaciones.
Y sé que puedo. Tengo Fe en que se puede.
Sólo hay que trabajar duro.

Practice and all is coming.

27 de julio de 2015

Final Countdown

Ayer me di cuenta que en un mes, UN MES, me voy de Córdoba.
Y los días se me escurren como arena entre los dedos.

PÁNICO

Mejor no pensar, mejor cantar.




5 de julio de 2015

A veces no hace falta entender

Siempre me gustó explotar mi costado racional. Tiendo a analizar (a veces en exceso) las cosas, personas y situaciones, quiero entender cómo funcionan. Cuando un tema me interesa, hablo con gente que sabe del tema, busco información en internet, consigo libros y artículos para leer, a veces demasiados. Una especie de hoarder, pero no de basura, sino de información. Quiero entender todo.

Allá por el 2010 me acerqué a un centro de Yoga pensando que sería una buena opción para corregir la postura, y remediar mis migrañas. Yoga me encantó desde el primer momento, y siendo un tema que me interesaba, obviamente empezó la acumulación de información: libros, videos, artículos, cursos. Aprendí mucho, aunque mi práctica personal se limitó casi siempre a las clases que tomaba en el centro. En el 2012 hice un año del profesorado, como una manera de aprender más, ¡siempre más información! Obviamente que no todo fue teórico, al mismo tiempo fui experimentando el Yoga a nivel físico y emocional: observé cambios en mi cuerpo, aprendí a relajar ciertos músculos cuando quería, y a usar la respiración para reducir estados de ansiedad. Todo respaldado por alguna explicación racional.

Pero hubo ciertos momentos en los cuales me pasaron cosas que no pude entender. Hacer Sirsasana sin soporte por primera vez y experimentar una inexplicable sensación de ligereza. Sentir mucho placer físico al relajar el abdomen en Viparita Karani. Que me invada la angustia al intentar abrir las caderas en Upavista Konasana. Asumí que tenía que ver con el tipo de postura, pero no siempre las sentía con tal intensidad, entonces no me terminaba de cerrar. Hasta la semana pasada....

La profesora había elegido una serie de apertura de caderas. Supe que iba a sufrir, porque me cuestan mucho; los demás yoguinis suelen flexionarse (algunos más, alguno menos) sin mayores problemas, y yo me quedo erguida como un playmobil. Al primer intento de Upavista sentí como la angustia trepaba desde mi abdomen, hasta anudarse en mi garganta. Lo primero que se me viene a la mente en estos casos es "Uy, qué angustia, mejor aflojo así no lloro"; supongo que es mi lado racional y estructurado, que teme perder el control de la situación. Pero esta vez no aflojé, exhalé largo y dije "que venga si tiene que venir". Y exploté en llanto. Un sollozo angustioso y desesperado. Lágrimas me corrían por la cara mientras intentaba acercar, sin éxito, mi abdomen al piso. Pasamos a otra postura, similar pero no tan intensa. Las lágrimas seguían brotando. tuve ganas de irme de la clase. Pero me quedé. Cuando volvimos a la postura inicial, algo distinto ocurrió. Era como si me hubieran destrabado las caderas, no mucho, pero ahí estaba, la flexión que tanto me costaba finalmente había llegado. La profe me asistió por detrás y avancé un poco más. De vuelta el nudo, de vuelta soltar. Exhalar y soltar, soltar mucho más, no darle bola al miedo. Llorar, pero esta vez no era angustia, era una felicidad extraña. Durante la relajación percibí todo mi interior removido, apaleado. Terminé la práctica agotada, física y emocionalmente, pero raramente feliz.

Algo había pasado, algo se transformó. 
No lo entiendo, creo que no logro expresarlo con palabras. 
No sé de dónde vino, no sé cómo va a terminar. 
Pero lo importante es que algo cambió. 
Y finalmente lo entendí: a veces no hace falta entender.

8 de marzo de 2015

10 días al ritmo del gong

En el post anterior les conté que me estaba por ir a un curso de 10 días de Vipassana.

Ya volví. 

Y volví muy movilizada. 

Debo reconocer que antes del curso y durante los primeros días no estaba completamente convencida, al menos conscientemente, de que fuera una técnica adecuada para mí. Para entender los beneficios que podría obtener de esta técnica fue necesario experimentarla, vivirla, y no evaluarla desde el plano intelectual únicamente,

La experiencia puede llegar a ser muy transformadora. Lo digo desde mi experiencia personal y a partir de lo que pude compartir con mis compañeros/as de meditación una vez que pudimos hablar entre nosotros. Por supuesto que va a depender de cada individuo, de sus experiencias anteriores, de cuánto se entregue al proceso, y de los procesos internos que haya vivido hasta el momento. Pero en menor o mayor medida, hacer un curso de Vipassana te sacude la cabeza. Y en mi opinión, para bien.

Respecto a la finalidad de la técnica, el objetivo es reducir la desdicha. O sea, estamos hablando de:


Erradicar la desdicha de nuestras vidas no se logra en un curso de 10 días, como podrán imaginar, Pero es posible dar los primeros pasos en el camino, aprendiendo a observar la realidad del universo en nuestro propio cuerpo, y a mantenernos ecuánimes ante las sensaciones que observamos, ya sean agradables o desagradables.
Parece una idea muy utópica así expresada, me los imagino diciendo: "ay sí, como si fuera fácil no reaccionar ante las cosas que sentimos". EXACTO. No es fácil, es muy difícil, pero no imposible.

Respecto a la dinámica del curso, es básicamente hacer vida de monje/a por 10 días. Noble silencio, segregación de hombres y mujeres, celibato, aproximadamente 10 horas de meditación diarias (o de intentar meditar...), comida vegetariana (no matarás ni dañarás a otros seres vivos), y estricto cumplimiento de horarios. Todo al ritmo del gong.


Gong para levantarse a las 4 am, gong 10 minutos antes de cada sesión de meditación, gong para desayunar, gong para almorzar, gong para merendar, gong para cen¡NO! (no hay cena), gong para meditar, gong para la charla de la tarde, gong para ir a dormir. Gong, gong, gong.
Al principio, cuando la mente se niega todo el tiempo a colaborar, el gong puede llegar a ser insoportable. Luego, a medida que fui comprendiendo la naturaleza de mi mente (parlanchina, errática, distraída, cómoda, una fonola que me pasó música todo el tiempo....) y que me fui entregando al proceso, el gong dejó de ser un disparador de embole. Empecé a disfrutar del proceso alrededor del día 4, con certeza al día 6, y a trabajar con mucha voluntad y ganas de avanzar.
Todo el proceso es gradual, cada día se va agregando mayor complejidad a la tarea aprendida, a medida que uno se va estableciendo en la práctica. Los primeros días se aprende la técnica de Anapana, útil para empezar a entrenar la mente y prepararnos para Vipassana, que se enseña el cuarto día.

Los primeros días fueron frustrantes para mí, ya que no lograba enfocar mi mente como quería. Luego empecé a aceptarla, medio loca como es, y a entrenarla.

El día 10 se nos permitió romper el silencio, y comenzamos a intercambiar vivencias entre nosotros. Fue revelador enterarse que personas que me parecían muy sólidas en su práctica la habían pasado mal como yo. Fue duro para todos. Y es por eso que no se permite hablar, para que las vivencias que otros relatan no nos afecten o sugestionen, ya que el proceso es interno y  muy personal. Quizás estén pensando que mucha gente abandona el curso antes de terminarlo, y la verdad es que no; éramos 60 entre hombres y mujeres, y sólo dos personas se fueron. Parece imposible, pero no lo es. Otro aspecto importante es que no es una religión, con lo cual no entra en conflicto con la elección religiosa de cada estudiante.

Por suerte, uno no está solo. Hay un equipo de voluntarios compuesto únicamente por estudiantes antiguos (es decir, que ya han hecho un curso de 10 días), que se desempeñan como "managers" de hombres y mujeres, que cocinan y sirven la comida, suenan el gong, organizan el evento, etc. Los cursos de Vipassana se sustentan sólo con donaciones y voluntariado de estudiantes antiguos. Tal atmósfera de amor es muy movilizante.

Estudiantes, managers, y servidores. Todos felices.
Durante el curso me pasó de todo, desde negación ("esto no es para mí"), emoción, tristeza... Pedí perdón y agradecí a mucha gente que comparte o compartió la vida conmigo. Identifiqué aspectos que me traje para seguir procesando, me amigué con algunos costados de mi misma, y trabajé mucho la tolerancia. Creí que al volver el efecto iba a durar poco, que si uno no está inmerso en la atmósfera protegida de un curso la técnica no funciona. Pero no, pasan los días y sigo movilizada, sigo con ganas de seguir trabajando. Por supuesto que es más difícil concentrarse y meditar en casa, pero se puede. Y durante el día me doy cuenta que soy más consciente de cada cosa que hago, que no tapo lo que me pasa con otra cosa.

La prueba más contundente del cambio fue enterarme, al finalizar el curso, que entraron a robar a nuestra casa. Esto terminó de sacudirme la estantería, fue genial enterarme en ese precisos momento, una especie de patada al pecho que me hizo largar todo el llanto que venía aguantando (soy de las que no lloran fácilmente). Para mi sorpresa, no sentí bronca como en ocasiones previas, lo que más me afectó fue pensar que había perdido información y sobre todo fotos. Durante el viaje de regreso a Córdoba fui pensando en todo eso, haciendo una especie de duelo por lo que había perdido, y confirmando cuánto nos hace sufrir el apego a las cosas. Y fui entendiendo qué ignorante soy, por sufrir tanto por algo así. Es la ignorancia la raíz de nuestro sufrimiento.

A todos los que me cruzo les digo lo mismo: hacer un curso de Vipassana puede traerte muchos beneficios. Hay que vivirlo, no hay manera de que ningún relato transmita la esencia de la práctica. Y si no es en esta vida, será en la que sigue. El camino recién empieza.


Links útiles:

18 de febrero de 2015

Before Vipassana

En unas horas salgo hacia Dolores, cerquita de Capilla del Monte, para tomar un curso de 10 días de meditación Vipassana. Hace pocos meses leí por casualidad un artículo sobre esta técnica y me interesó mucho, sobre todo por la auto observación que implica, lo desafiante de estar 10 días en silencio aprendiendo a meditar, y la curiosidad de lo que pudiera aflorar durante esos días. Por lo general soy muy reactiva a todo, vivo hiper estimulada, y suelo pasarme de vueltas. Con lo cual pienso que aprender esta técnica puede serme muy beneficioso, no sólo a mí, sino también a los que me rodean.

Cuando me enteré de que estaban abiertas las inscripciones para las primeras sesiones de 2015 en Córdoba, me registré sin dudarlo. A medida que les fui contando a mis amigos y familia, me hicieron preguntas como éstas:

¿Qué es Vipassana?

Vipassana, que significa ver las cosas tal como realmente son, es una de las técnicas más antiguas de meditación de la India. Fue redescubierta por Gotama el Buda hace mas de 2.500 años y fue enseñada por él como un remedio universal para males universales, es decir, como un arte: El arte de vivir. Esta técnica no sectaria tiene por objetivos la total erradicación de las impurezas mentales, y la resultante felicidad suprema de la completa liberación. La curación, no meramente la curación de las enfermedades, sino la curación esencial del sufrimiento humano, es su propósito.
Vipassana es un sendero de auto-transformación mediante de la auto-observación. Se concentra en la profunda interconexión entre mente y cuerpo, la cual puede ser experimentada de manera directa, por medio la atención disciplinada dirigida a las sensaciones físicas que forman la vida del cuerpo, y que continuamente se interconectan con la vida de la mente y la condicionan. Es este viaje de autoexploración a las raíces comunes de cuerpo y mente, basado en la observación, lo que disuelve la impureza mental, produciendo una mente equilibrada, llena de amor y compasión.
Las leyes científicas que operan en nuestras sensaciones, sentimientos, pensamientos y juicios llegan a hacerse evidentes. Mediante la experiencia directa, se comprende la naturaleza de como uno crece o decrece, de como uno produce sufrimiento o se libera de él. La vida se va caracterizando por una intensificación de la conciencia, por la ausencia de engaño, por el auto-control y la paz.
¡10 días en silencio!! ¿Y cómo vas a hacer?
La verdad que no tengo la más pálida idea. Supongo que estar con otra gente intentando lo mismo debe ayudar.
Además de estar en silencio, hay varios aspectos más a respetar, desglosados en el Código de Disciplina
¿No será una secta eso? (mis padres)
Parecería que no. Cuando vuelva (si vuelvo) les confirmo.
¿Hacen yoga también?
No, no se hace ejercicio físico durante el curso.
La practica entera es en verdad un entrenamiento mental. De la misma manera que empleamos los ejercicios físicos para mejorar la salud del cuerpo, la Vipassana puede ser utilizada para desarrollar una mente saludable. 
Bueno, ¿pero al menos podés llevarte algo para leer?
No. Ni para leer ni para escribir.
¿Y si te cansás podés irte antes?
No lo recomiendan: El estudiante debe permanecer hasta que el curso finalice totalmente y debe leer y sopesar cuidadosamente también las demás reglas. Solo deben solicitar admisión en un curso aquellos que consideren con toda honestidad que pueden seguir escrupulosamente la disciplina. Quienes no se sientan preparados para realizar ese esfuerzo perderán el tiempo y lo que es más, molestarán a aquellos que quieran trabajar seriamente. El estudiante potencial también debe comprender que no sólo sería desaconsejable, sino incluso perjudicial, abandonar el curso antes de que éste finalice, por encontrar la disciplina demasiado dura. También sería una pena si, a pesar de los repetidos avisos, un estudiante no cumple las reglas y se le tiene que pedir marcharse.
Creo que va a estar muy bueno,


Les dejo algunos links interesantes sobre Vipassana para que hagan su propia investigación:




En estos momentos tengo una mezcla de ansiedad y alegría incómoda, parecido a lo que me pasa cuando estoy por emprender algún viaje. Y no sé por qué me sorprende, si la verdad es que es un gran viaje el que está por comenzar.

¡Hasta la vuelta!

15 de julio de 2014

Manija mundialista

Fue raro. Lo que me pasó durante este mundial de fútbol fue raro.

Hace varios años que me chupaba bastante un huevo todo lo que pasase con el deporte "argentino", ya sea el fútbol, las leonas, los pumas, los Spurs, las olimpíadas, Nalbandian, la Bardach, etc. Creo que la última vez que recuerdo haber seguido un mundial fue en el 98, del cual me quedó grabada la imagen de Ortega cabeceando a un holandés, momento a paritr del cual el equipo se hundió como el Titanic. Ah, y de la ceremonia inaugural que fue de una somnolencia alucinante, ¿se acuerdan de esos mega muñecos que iban atrevesando la ciudad? Recuerdo que era Bonadeo el comentarista para la transmisión argentina. En esa época trabajaba para un boliche. Sí, yo, la ingenierijilla. Atendía el guardarropa, donde también tenía un mini kioskito de puchos, chicles y chupetines. Además repartía descuentos y free-pass. Y ese año, los repartí con la banderita celeste y blanca pintada en las mejillas, porque marketing.

Antes de eso no tengo muchos recuerdos más, excepto el doping positivo de Maradona en el 94, y por supuesto la gran copa Italia 90. El muñequito tricolor, cual capresse cubista, es otra de esas imágenes que me quedaron grabadas fijas en la retina. Igual que el tema del mundial, no sé por qué, pero cada vez que la escucho me agarra una especie de emoción (y algo de manija) que no entiendo. En ese mundial yo tenía 8 años, no son muchas cosas las que me quedaron, excepto que mi abuela Granny tenía un televisor a color nuevo, así que con mis viejos íbamos a su casa en Martínez a ver los partidos. Yo, aún un mono que copia todo, una tarde me hice la señal de la cruz igual que el Maradona de la tele; mi abuela, inglesa ella, me retó y dijo "eso no se hace". Capaz ahí arrancó el rechazo que tengo por la iglesia católica, quién sabe.... También me retaba si saltaba en el sillón; otro posible origen de mi rompepelotismo. Cuando Argentina ganó la semifinal ese año, estaba en Capital Federal en casa de mis abuelos. Fuimos a ver a la gente festejar al Obelisco, y todo era de una felicidad apabullante. Papelitos volaban por los aires, la gente pasaba en auto revoleando banderas. Muy loco. Desde mi perspectiva, ¡el Obelisco era altísimo! Después de eso, no tengo ni idea qué pasó. Creo que el hecho de haber jugado (y perdido) con Alemania lo incorporé años más tarde.

Este año, me mantuve bastante ajena a toda la movida mundialista. Viviendo acá en Roma, estuve alejada del bombardeo publicitario. No vi las propagandas de Quilmes. No escuche ni una vez la trillada frase "Sponsor Oficial de la Selección Argentina". Hasta me compré una bandera italiana, y fui agitándola desde el auto de mi amiga Claudia mientras íbamos a ver el partido Italia-Inglaterra con otros amigos tanos.

Pero en algún punto, empecé a darme manija. Manija mundialista. Que un poco transmití a mis amigos romanos, con quiénes me junté a ver los partidos de Argentina, ya que Italia había quedado afuera y no tenían a quién alentar. Hasta les enseñé a preparar fernet con coca en un tupper alto, porque no teníamos botellas para recortar. Una de las chicas trajo un cucharón sopero para servirlo. "¡No, que no es ponche esto!!", así que también aprendieron a tomarse un fernesazo comunitario.

Romano DOC ferneteando
Claudia, una fanática loca de la Roma, me decía que quería ir a Argentina a ver algún partido, porque parece que somos famosos por las hinchadas que agitan sin cesar. Y justamente cerca de la final empezaron a aparecer artículos ""analizando"" (las doble comillas son a proósito...) ambos equipos y países; uno de ellos, de un diario alemán, mencionaba que el hincha argentino es muy apasionado, e ilustraba dicho aspecto con esta joyita:

 
Al final, (no) ganamos, perdimos, igual nos divertimos, sobre todo con la locura que se generó en torno a Mascherano super líder, y los cientos de #MascheFacts que todos los manijas se inventaron.


Liniers, un gran manija
Porque éramos un gran colectivo manija, con poderes transoceánicos, llegando a ser trending topic inclusive en otros países:

#BBCtrending: Why is Chuck Norris trending in Argentina?

Para el próximo mundial la verdad me importa poco si ganamos la copa o no, sólo espero que sea tan divertido como este.